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Como si fuera el corolario casi lógico de una historia atravesada desde siempre por desigualdades e injusticias naturalizadas, en nuestro país, los conceptos de Patria, Honor y Populismo han sido apropiados por una porción de la sociedad, particularmente por los sectores dominantes. En toda lucha cultural, impregnar de sentido un concepto implica llenarlo de valores que responden a un modelo de sociedad y a ciertos intereses. Durante muchos años, ese modelo estuvo asociado a un Estado débil, a un desprecio por los sectores subalternos y populares, a cierto “cipayismo” con los poderes internacionales de turno (relaciones carnales mediante), a la supremacía de lo privado por sobre lo público, a que la prensa es una suerte de ente “independiente” (¿independiente de qué?) y a tantas otras supuestas verdades que intentaron sacralizarse.

El EDE surgió, también, con el imperativo de batallar por el sentido común. Y esta es, quizás, su misión más importante, porque es la que transciende.

Yendo específicamente a los conceptos que se mencionaron, cuando hablamos de Patria siempre nos remitimos a casi nada. La patria puede ser todo. Sin embargo, este concepto se transformó en un término totalmente asociado a lo castrense y en ningún sentido a lo popular. ¿Por qué la patria no es asociable, por ejemplo, a las luchas de los trabajadores y trabajadoras? ¿Por qué la patria no son, también, las luchas desesperadas de los pueblos indígenas por sus tierras? ¿Por qué La Patria no se vislumbra en las expresiones culturales más combativas que siempre tiraron la cuerda del progresismo? Porque la Patria, hoy por hoy, remite mucho más al orden y a lo estático que a lo dinámico cristalizado en una sociedad que pretende transformarse a través de la política.

Con El Honor la historia no es tan distinta: el honor puede ser la diginidad, la valentía, o el orgullo de sostener una batalla por algo, excepto que ese honor provenga de los sectores más vulnerables o marginales y que implique una batalla por alguna necesidad, o una protesta sostenida, una marcha que genere “caos” de tránsito. La gente que participa en ese tipo de luchas parece no tener honor: casi siempre son “arrastrados” por beneficios y dádivas de corto plazo.

El desprecio por el Populismo está absolutamente ligado a esto. Porque el populismo se ha ido transformando en sinónimo de compra de votos. Con esos conceptos en la cabeza es que muchos justifican, pobremente, el apoyo sostenido de los sectores más vulnerables al rumbo de los últimos años. Lo importante, sin embargo, es saber que se puede lograr el sostenimiento de un modelo inclusivo, que responda a demandas de varios sectores, y que esto no tiene que estar necesariamente asociado al clientelismo político.

Los dos actos masivos que tuvieron lugar en la Avenida 9 de Julio y en Luna Park dejaron discursos en los que se reclamó seguir avanzando por lo que falta. “O profundizamos la política de distribución de la riqueza o volvemos para atrás a la picadora de carne en la que nos metió la derecha en los ‘90”, dijo Hugo Yasky en su discurso. Los 90 no fueron sólo una picadora de carne, sino una gigantesca trituradora de idea, sostenida por un discurso de desprecio hacia lo político. En este sentido, el rol que le cabe a la juventud es clave, porque es, aunque suene trillado, la portadora más fuerte de los nuevos valores. Resignificar verdades que se consideran estáticas es un trabajo a largo plazo. Porque la patria también es, utilizando un concepto de Jacques Rancière, la parte de los sin parte, de los que todavía falta integrar a un modelo que tiende a ser inclusivo, pero que hay que profundizar. La juventud, en su mayor parte, parece ser conciente de esto. El resurgir de la militancia es la expresión más clara de esta transformación.

Queremos que la patria sea, por fin, el honor de vivir en una sociedad más igualitaria. Aunque muchos llamen a eso populismo.




Entre las discusiones políticas de los últimos meses tuvo lugar una falsa antinomia que merecería ser saldada teniendo en cuenta, entre otras cosas, el espacio que compartimos desde el EDE y la visión de país de la cual, más allá de diferencias naturales, todas y todos participamos. Quienes hayan seguido algunos debates televisivos y reportajes a líderes sociales y a algún que otro funcionario, habrá escuchado contraponer, en una peculiar, extraña y contraproducente visión de la realidad política, al peronismo con el progresismo, como dos identidades incompatibles a la hora de pensar un proyecto y, en términos concretos, un frente común con aspiraciones de gobierno.


Hay, cuanto menos, una verdad bastante fácil de comprender: resulta mucho más espinoso definir al peronismo que al progresismo. La categoría de “peronista” interpela a sectores tan disímiles entre sí que transforman el concepto en un significante semi vacío en el cual pueden encasillarse desde defensores del neoliberalismo y representantes de la derecha más tradicional hasta profundos defensores de los derechos humanos, la igualdad y la necesidad de que el Estado regule las injusticias que siembra el mercado. Pero...¿Qué significa ser peronista y no ser progresista? ¿Tiene sentido plantear esta división? No caben muchas alternativas: o bien es una confesión de quienes se sienten parte de los sectores conservadores del peronismo, o bien –y este es el caso que debe tenerse en cuenta- se hace referencia a un supuesto desprecio entre espacios que deben cofluir. Han aparecido categorías y frases como “progresismo blanco” o “el poder de los negros” - mucho más vinculables a sectores que hacen de la fragmentación social su núcleo de ideas- que están alejadas de la voluntad integradora del EDE.


Desde este espacio quedó demostrado, en las últimas semanas más que nunca, que el diálogo incluye y debe incluir a cualquier sector que acompañe las ideas de revalorizar la política, foralecer los roles del Estado, priorizar la inclusión de los sectores más vulnerables, defender a ultranza los Derechos Humanos y que tenga aspiraciones de gestión para transformar lo que se presenta como dado.

Si los rumbos son compartidos, la visión del mundo apunta hacia un mismo lado y la ambición de gestionar para hacer que esta sociedad continúe profundizando el camino hacia la equidad es una causa común, la dicotomía progresismo Vs peronismo no puede ser más que una débil interpretación de la realidad, que resta a la hora de pensar en ampliar espacios . La conclusión, siempre sostenida desde el EDE , es una sola: lo que debe ir junto no debería estar separado.


Como titularía la revista Barcelona, ahora dicen que la juventud volvió a la política. Y es así. Fueron 27 años signados por el terror, la exclusión y la desesperanza los que montaron una sociedad apática, tímida y desmovilizada. Razones había: 30.000 compañeros desaparecidos, desmantelamiento industrial, desempleo galopante, y un repiqueteo mediático constante que llamaba a desconfiar de la política y de los políticos, y a procurar apenas la salvación individual. Y ahí los grandes se borraron, y los jóvenes se hicieron adultos sin nada en que creer, sin nada que los convoque a luchar.

Dolió y aún duele. Toda esa historia pesa en nuestras espaldas y se expresa en un presente en el que las desigualdades aún son grandes. Pero dicen que volvieron los jóvenes, y lo primero que volvió fue la política. La política como discurso y como herramienta, capaz de interpelar a los poderosos, de dar vuelta la tortilla, como dirían las abuelas. Y entonces las fuerzas armadas eran puestas al servicio del pueblo y no en su contra. La memoria y la justicia se encontraban y que entonces había futuro. Que los pueblos hermanos eran hermanos. Y se podía cuestionar a los poderes fácticos de los medios de comunicación y de la economía local e internacional. Y el Estado recuperaba sus funciones, las asumía y transformaba sus recursos en derechos antes negados. Y entonces hubo asignación universal y matrimonio igualitario.

Entonces si, volvió la política. Y los jóvenes volvieron a la política. Entendiendo que es ésta y no otra la forma de transformar la realidad. Volvieron -volvimos-, aunque algunos nunca nos habíamos ido. La juventud volvió para ser parte, para tomar la palabra y para poner el cuerpo en cada paso. Porque la justicia no se logra sin resistencia. Volvimos para militar con alegría. En las escuelas, en las universidades, en los clubes, en los barrios. Con alegría y por supuesto con coraje. Porque los cambios son urgentes, y son posibles si los hacemos posibles. El horizonte lo trazan los pueblos.

El EDE no sólo acompaña este camino. Es decididamente parte de él. En Morón, y en todo el país, el Encuentro ha mantenido en alto las banderas que hoy flamean. Las de la integración, la justicia, los derechos humanos, la igualdad de género y la redistribución de la riqueza. Y lo hemos hecho con nuestra identidad. Sin resignar autonomía como partido, pero intensamente comprometidos con nuestro pasado, presente y futuro.

El Encuentro es una fuerza jóven poblada de jóvenes. En momentos en que la política vuelve al almacen y a la mesa familiar. En que se pretende presentar como crispación el renacer de los debates antes silenciados, las y los jóvenes tenemos mucho que decir y que hacer. El presente está plagado de desafíos, pero también de esperanzas. Así lo demostró la marcha del último 24 de Marzo, donde cientos de miles de jóvenes nos encontramos para decir nunca más, pero también nunca menos. Acompañando a Cristina en la Nación, con Martín en la Provincia y Lucas en Morón, las y los jóvenes del Encuentro vamos a seguir poniendo el cuerpo a la construcción de un país más justo e inclusivo.


EL 24 DE MARZO MARCHAMOS A PLAZA DE MAYO
A 35 años del golpe de Estado
Memoria. Verdad. Justicia

Desde Morón: 14.30 hs. en el Paseo de las Artes de Morón (Rivadavia entre Casullo y Juan José Valle, Morón centro)
16 hs. Concentramos en Avenida de Mayo y Avenida 9 de Julio. Ciudad de Buenos Aires


El líder de Encuentro por la Democracia y la Equidad, Martín Sabbatella, lanzó como candidato a intendente de Morón, a Lucas Ghi (actual jefe comunal) de cara a las elecciones de 2011. El anuncio lo realizó frente a uno 500 militantes que participaron del congreso partidario realizado este fin de semana en la localidad de El Palomar. "Si bien serán los mecanismos institucionales partidarios y luego el cumplimiento de lo que marca la nueva ley electoral lo que deje designado a todos nuestros candidatos y candidatas, teniendo incluso que participar de las elecciones primarias de agosto del año próximo, yo le propongo a este congreso que impulse a Lucas Ghi como nuestro candidato a intendente de Morón para el período 2011 – 2015", dijo el diputado nacional Martín Sabbatella.

Carlos Heller fue el encargado de fijar la postura del bloque de Nuevo Encuentro que encabeza Martín Sabbatella: “El 82 por ciento móvil es una medida justa, necesaria y posible”, afirmó y respaldó la restitución de los aportes patronales para las grandes empresas, que “aportarían 12 mil millones de pesos” al sistema previsional. Además de agregar un proyecto propio que incluye como otras fuentes de financiamiento “la eliminación de las exenciones a la compra venta de acciones, a las ganancias obtenidas por intereses en los títulos públicos, a los intereses de los depósitos en entidades financieras y de los ingresos de magistrados y funcionarioss”. Pero decidieron abstenerse cuando se vote el dictamen del Grupo A, que no incluye otras fuentes de financiamiento que los fondos de la Anses.
Nota Completa

Un militante cree en la solidaridad social. No es un "individuo" en el pobre sentido que del individuo tiene el liberalismo burgués. Sabe que su individualidad se realiza en el grupo. Su incorporación al trabajo, a la producción, a su grupo de pertenencia, a su clase social, lo incorpora a la solidaridad, al compañerismo, a la amistad sincera. Para decirlo claro: su militancia lo humaniza. Un militante es un ser en constante proceso de humanización. Su militancia lo hará mejor padre, mejor hombre de su mujer, mejor amigo de sus amigos. Sabe que habita este mundo para luchar junto a los demás, no para usarlos.
El militante respeta el trabajo. No porque sea un sometido, sino, porque sabe que en el trabajo está su poder, su organizatividad y el sentido final de su militancia: la justicia social. Y también porque sabe que por fuera del trabajo, no sólo está la miseria económica, sino la otra: la social y la humana. La que hará de él un apartado, un egoísta, un resentido y hasta un delincuente.
El militante, cree en una verdad que lo trasciende y da sentido a su vida.
Esta verdad es su ideología, la ideología que comparte con sus compañeros y expresa su lucidez.
La ideología que hace de él un sujeto y no un objeto de la historia.
La ha amasado, a esta ideología, durante años, la ha padecido, la ha cuestionado, la ha asumido cotidianamente. Porque cotidianamente intentan quitársela, se la oscurecen y deforman desde las pantallas de la TV o desde las radios. Aparecen allí, frente a él, en su hogar, hombres cultivados, con buenos modales, racionales hasta el asombro y vértigo, implacables, que le dicen que no, que está equivocado, que todo está bien, o que todo está mal, pero que, en todo caso, nada está como él cree.
¿Cómo lucha contra toda esa insidiosa verborragia? Hablando con sus compañeros. Buscando la verdad donde está: en el grupo. Porque cuando los militantes son esto, militantes, y están unidos por sus intereses comunes, la verdad es una tenaz corriente eléctrica que los recorre y los une aniquilando el discurso del enemigo.
Porque es cierto (según postula un diabólico axioma del pensamiento autoritario) que mil repeticiones hacen una verdad. Pero no es menos cierto que mil repeticiones pueden también aburrir, transformarse en un sonido apenas desagradable y persistente. En suma inaudible.
El militante es un hombre que tiene una razón para vivir. Y más también. Cierta vez dijo Camas " Una razón para vivir es una razón para morir”. El militante, en efecto, puede llegar a morir por su causa. Pero en Argentina - hoy a esta altura de nuestra experiencia y de nuestro dolor- habrá que afirmar tenazmente que el momento más alto de realización de un militante es su vida (cualquiera de los infinitos actos en que su militancia lo ha comprometido) y no su muerte.
La deshumanización acecha también al militante. Puede transformar su ideología en dogma, en obstinación y autoritarismo. Puede creerse más heroico. Puede confundir el desprecio por la vida con el coraje. Puede enajenarse en su lucha. Puede olvidar las pequeñas cosas en nombre de los grandes ideales. Puede olvidar que los grandes ideales se persiguen y se conquistan para posibilitar las pequeñas cosas. Puede llegar a considerarse sólo el eficaz cuadro de una organización. Y hasta puede llegar al extravío de exigir también eso de los demás.
Puede llegar a realizar esta frase de Brecht: " Nosotros que nos unimos para luchar por la amistad entre los hombres, no supimos ser amigos”.
El viejo problema de los medios y los fines se agitan detrás de éstas ideas.
Pero si la militancia ha de servir para humanizar al militante, los fines deberán estar presentes en todos los medios. Porque el militante está vivo hoy, y es hoy, en cada uno de los actos que realiza para conquistar una sociedad más justa, donde están enteramente en juego su humanización o su envilecimiento.







Los esperamos a todos y todas en estas actividades. Juntos por más Democracia y Equidad






“No se puede plesbicitar si está bien o no que seamos todos iguales ante la ley. Hay que reparar esa desigualdad”, opinó desde Rosario.

“La reforma del Código Civil que fue aprobada en Diputados y se debate en el Senado busca equiparar derechos y poner fin a una terrible desigualdad por la cual se discrimina seriamente a las parejas del mismo sexo”, opinó Martín Sabbatella desde Rosario donde participó del lanzamiento del bloque de diputados provinciales de Nuevo Encuentro.Es un absurdo querer someter a un plebiscito la igualdad. Los derechos, cuando corresponden por la igualdad ante la ley, se reconocen, pero no se someten a plebiscito ¿Qué sociedad construiríamos si tenemos que plebiscitar quiénes tienes que tener derechos y quiénes no? ¿Cuál es el argumento para que no seamos todos iguales ante la ley? ¿Para qué, por ejemplo, el hijo de una pareja homosexual tenga menos derechos que los que tiene el hijo de dos personas de distinto sexo?”, se preguntó el titular del bloque de Nuevo Encuentro -al que pertenece la diputada nacional Vilma Ibarra, coautora del proyecto aprobado en la cámara baja. Lo hizo desde la provincia de Santa Fe donde llegó hoy para participar de una charla en la Universidad Nacional de Rosario y asistir al lanzamiento de la bancada integrado por los diputados provinciales Marcelo Brignoni y José Tessa. “Hay que debatir en los ámbitos democráticos en los que se debaten las leyes, plantear las posiciones y terminar de una vez con una injusticia que afecta a miles de parejas del mismo sexo en nuestro país”, opinó Sabbatella, quien expresó también: “Estamos a punto de completar, con el tratamiento de la reforma en el Senado, un paso enorme a favor de la igualdad. Un paso que, además, es fruto de un profundo intercambio con numerosos sectores de la sociedad, que pudieron expresar sus opiniones, hacer críticas y aportes, objetar la iniciativa en algunos casos y avalarla, en otros”. “Esta norma se va a sancionar tras un proceso de debate muy amplio e intenso, tanto en el Congreso de la Nación como en los medios y en la sociedad, lo cual es un orgullo para todos y todas quienes impulsamos la ley”, concluyó el dirigente de Nuevo Encuentro.

Los esperamos a todos y todas este Sábado para festejar la victoria de Argentina (y sino es así... para divertirnos un rato y distraernos!)

Los jóvenes del Encuentro por la Democracia y la Equidad de la Provincia de Buenos Aires repudiamos enérgicamente los hechos brutales de represión ejercidos en la ciudad de Bariloche por la Policía de Río Negro que causaron la muerte de dos jóvenes, quienes se manifestaban exigiendo el esclarecimiento del asesinato de un adolescente de 15 años, víctima del gatillo fácil, también perpetrado por este cuerpo policial.

Estas prácticas represivas no son propias de un sistema democrático y responden a vestigios dictatoriales de otros tiempos. No es la primera vez que se dan este tipo de actuaciones en esa provincia, ya existían denuncias graves sobre el accionar de la Brigada de Operaciones, Rescate y Antitumulto (BORA) de la policía rionegrina, que vienen siendo ignoradas por las autoridades políticas.

Asimismo, estos episodios se condicen con un discurso que criminaliza a la pobreza, asociándola con delito, y que tiene mucha vigencia en esta ciudad, algo que se pudo comprobar en la respuesta de un sector que se manifestó a favor de las actuaciones policiales. No responde a una casualidad que las tres víctimas fuesen jóvenes pobres que vivían en El Alto de Bariloche, lugar de la ciudad signado por la marginación, en contraposición a la zona turística y rica donde habitan los sectores acomodados.

Por estas razones, consideramos fundamental para la democracia que la policía sea intervenida inmediatamente por el Gobierno de Río Negro, quien tiene la responsabilidad máxima de detener esto y garantizar que no se vuelvan a repetir estas gravísimas violaciones a los Derechos Humanos.

Por último, exigimos justicia para las víctimas Diego Bonnefoi, Nicolás Carrasco y Sergio Cárdenas; para que sus asesinatos no queden impunes.
Juventud Encuentro por la Democracia y la Equidad
Provincia de Buenos Aires

Ley de Medios: “Este fallo de la Corte le dice a los legisladores que no pretendan ganar en la Justicia lo que perdieron en el Congreso”, opinó el diputado nacional.

“La decisión de la Corte Suprema de Justicia es doblemente importante; porque a la par de favorecer la democratización de los medios promovida por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, jerarquiza la división de poderes y destaca la decisión tomada por el voto mayoritario de Diputados y Senadores”, opinó hoy Martín Sabbatella. Esta mañana el máximo tribunal anuló la medida cautelar dictada por la Cámara Federal de Mendoza, que había trabado la aplicación de la norma que aprobó el Congreso de la Nación por amplias mayorías en ambas cámaras. “Un legislador no tendría legitimación activa cuando lo que trae a consideración de un tribunal de Justicia es la reedición de un debate que ha perdido en el seno del Poder Legislativo por el juego de las mayorías y las minorías respectivas”, dice el fallo de los ministros de la Corte respecto a la medida que había promovido el diputado Enrique Thomas (Peronismo Federal) y afirma que el Poder Judicial no puede “ejercer el Gobierno por medio de medidas cautelares”.

El presidente del bloque Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella señaló: “Se trata de un fallo ejemplar; una lección democrática, que despeja una de los obstáculos principales que se le pusieron a esta ley surgida de un amplio debate y de años de trabajo por parte de numerosos sectores políticos, gremiales, académicos y sociales”. “Además, este fallo le dice a los legisladores que no pretendan ganar en la Justicia lo que perdieron en el Congreso con reglas democráticas”, subrayó.

Sabbatella, que integra entre otras la Comisión de Comunicación de la Cámara de Diputados, concluyó: “Aún falta que la Corte se pronuncie sobre otras medidas cautelares, pero es posible que este fallo sea representativo de cuál va ser el enfoque sobre el resto de las trabas que se le pusieron a la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”.

Continuar por esta avenida

Martín Sabbatella Diputado Nacional, presidente del bloque Nuevo Encuentro.

Existe una derecha desenfrenada, que lo que quiere es cambiar de avenida, volver a la avenida del neoliberalismo, salir de la integración regional para retornar a las relaciones carnales

Argentina atraviesa un momento especial de su historia. La conmemoración de los 200 años de la Revolución de Mayo ha hecho que volvamos la mirada sobre lo que fuimos y lo que somos como sociedad y como Nación. En estas jornadas, no sólo festejamos lo ocurrido dos siglos atrás, sino que recorrimos el trayecto desde entonces hasta nuestros días, como una forma de abordar el hoy y de proyectar lo que deseamos y lo que podemos ser. Este Bicentenario encuentra a la Argentina transitando una avenida de cambios importantes, una avenida distinta a la de las últimas décadas del siglo pasado.

Nosotros, militantes de una fuerza política como el Encuentro, abordamos este momento histórico decididos a ser protagonistas. No nos contentamos con ser espectadores de la historia. El mejor homenaje que podemos hacer a aquellos revolucionarios es aportar nuestro compromiso a la construcción de la Patria Grande que soñaron, ser obreros de esa obra y no visitantes esporádicos y protocolares de vivencias rebeldes cuyos cometidos, en muchos casos, aún están pendientes.

A eso debe nuestro esfuerzo por construir un partido lleno de debate y de militancia como es el Encuentro por la Democracia y la Equidad, que confluye con otras fuerzas progresistas y populares en el Nuevo Encuentro.

LAS TRADICIONES Y EL PRESENTE. Una fuerza política se define a través de muchas cosas. Explica, por ejemplo, hacia dónde quiere ir y cuál es la sociedad que sueña, según cómo se reconoce en la historia, con qué hitos y protagonistas se identifica y de cuáles se distancia. (…) Nuestro partido edifica su identidad en las luchas emancipatorias americanas y nacionales, en los movimientos populares, en los pueblos originarios, en los revolucionarios independentistas de las primeras décadas del siglo XIX.

Nos reconocemos en la chusma radical, en las vertientes de izquierda y progresistas, en los descamisados peronistas, en la resistencia a las proscripciones y las dictaduras, en el Cordobazo, en los militantes populares de la lucha contra la desigualdad, la impunidad y la injusticia, contra el neoliberalismo y la corrupción, contra la degradación política y la exclusión económica.

Nos reconocemos en la emoción de las victorias, pero también en las heridas de las derrotas de los movimientos populares. Es desde esas alegrías, desde esos fracasos, desde esos encuentros y desde el dolor de lo que aún no hemos conseguido, desde donde avanzamos hacia esa sociedad que soñamos. Una fuerza política define sus rasgos de identidad constitutivos dialogando con la historia, nutriéndose de lo mejor de ella y también relatando el futuro que propone construir. Pero, sobre todo, una fuerza política se define según cómo actúa en el presente, cómo se involucra en los debates y conflictos del tiempo y la geografía que le tocaron vivir. En ese sentido, el Encuentro es protagonista en los debates y conflictos que vive el país.

No se mantiene neutral ni equidistante en las tensiones del presente. Tomamos posición y nos definimos, con autonomía, sobre la agenda pública: apoyamos aquello que siempre defendimos y soñamos, cuestionamos lo que está mal y proponemos lo que aún está pendiente.

AIRES DE CAMBIO. La Argentina se encuentra inserta en un proceso regional de cambios importantísimos. Gobiernos como el de Lula da Silva en Brasil, Pepe Mujica en Uruguay, Rafael Correa en Ecuador, Hugo Chávez en Venezuela, Fernando Lugo en Paraguay, o Evo Morales en Bolivia, entre otros, dan cuenta de una etapa de profundas transformaciones en la región, con un protagonismo impresionante de las mayorías populares; en claro contraste con las políticas neoliberales y de pensamiento único que asolaron América Latina en las décadas pasadas. Ningún proceso histórico, político, social, económico, es lineal y perfecto. Todos los mencionados son complejos, contradictorios, llenos de matices. La Argentina también atraviesa un proceso que, con contradicciones, con claroscuros, con marchas y contramarchas, avanza en una dirección interesante, abriéndose paso en debates y con políticas positivas, opuestas a las que vivimos en los ’90 y que despiertan una dura resistencia conservadora, de parte de los mismos que habían consagrado sus privilegios desde la dictadura.

Creemos que la Argentina empezó a transitar por una avenida distinta a la anterior, una avenida que permitió que vuelva la política con fuerza, que se corrieran las fronteras de lo posible, que se pusieran en escena debates que los ’90 habían querido clausurar, que revalorizó el rol del Estado, la perspectiva de Derechos Humanos, la distribución de la riqueza, la integración regional, entre otros. A pesar de las cosas que no compartimos y aún con lo mucho que queda por hacer, no desconocemos los pasos positivos dados, porque desconocerlos o rechazarlos sería ir contra nuestra propia historia, contra muchas banderas que fueron y son las de nuestro espacio político.

En síntesis, con autonomía pero sin neutralidad ni equidistancia, queremos ir por más, no por menos. Queremos defender lo construido sin aceptar el techo, porque el futuro que deseamos está más allá de este techo, pero incluye y necesita el piso de lo que se construyó en estos años.

Existe, además, una derecha desenfrenada, que lo que quiere es cambiar de avenida, volver a la avenida del neoliberalismo, salir de la integración regional para retornar a las relaciones carnales, salir de la discusión del valor del Estado como garante de derechos para volver a endiosar al Mercado, salir de la búsqueda de la Memoria, la Verdad y la Justicia para recuperar la impunidad.

Tenemos mucho para discutir y hacer: esencialmente, profundizar las políticas distributivas en la lucha contra la desigualdad y construir una nueva cultura política que mejore la calidad de nuestra Democracia. Pero no queremos cambiar de avenida, porque lo que soñamos se alcanza desde esta avenida de pensamiento: cambiando lo que hay cambiar, profundizando lo que hay que profundizar, sumando lo que hay que sumar y desprendiéndonos de aquello que lesiona el rumbo e impide ir por más. Asumimos el presente con la complejidad que tiene, con sus contradicciones, y buscamos, desde nuestra propia fuerza política, intervenir para transformarlo a favor de los millones que deseamos y merecemos vivir en un país más justo.

Insistimos: no nos resignamos a los límites del presente, no nos rendimos ante quienes dicen que este es el máximo al que se puede aspirar. Y, asimismo, tenemos claro que del otro lado hay una oposición que quiere retroceder y volver a las recetas que ya sufrimos.

Por eso el Nuevo Encuentro. Porque es necesario construir un proyecto colectivo que vuelva a enamorar, que defienda, por convicción y no por conveniencia, el rumbo de transformaciones iniciado, que pelee por lo que falta y continúe edificando la Patria Grande que soñaron muchos y muchas en toda nuestra historia.