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Opinión militante

Una de las cosas que se le debe reconocer al Gobierno es haber politizado la escena. Al haber avanzado con ciertas medidas que tocan intereses, los conflictos, resistencias y dominaciones que hacen a una sociedad salen a la luz.

Esta politización tuvo como punto de partida el conflicto con el campo, que fue el límite de tolerancia del poder concentrado hacia este Gobierno. Tolerancia con un techo bajo, es cierto.

Este proceso de confrontación de intereses (denominado como crispación por los medios) no fue positiva para la imagen del Gobierno, como bien se dejó ver en las elecciones de junio. Ya se sabe que los sectores dominantes no se suicidan, no resignan ni un paso, y que cualquier avance frente a ellos implica un costo. Ese costo será mayor o menor según la correlación de fuerzas. El Gobierno estaba bien protegido en aquel momento: apoyo popular, mayoría parlamentaria, buenos índices económicos, oposición política débil. Esto hizo fracasar los procesos de desestabilización.

Pero sin desviarnos y volviendo al punto inicial, más allá de la debacle en términos de fuerzas del Gobierno, la politización resulta ampliamente positiva, dado que implica vislumbrar, pensar y debatir sobre las fuerzas ocultas e implicitas que modelan a una sociedad. Y esto se da con un pasado reciente de plena apolitización, con un resurgimiento allá por el 2001 pero posteriormente neutralizado.

Ahora cada cual nuevamente descubre un poco su juego. El Gobierno, el poder económico, la oposición política, la clase media, los medios, los sectores populares. Están allí a la vista los conflictos, las resistencias, las subalternidades, las desigualdades, el poder, en definitiva. Se ve política por todos lados.

Y esa política se siente. El espacio público se llena de nuevo con consignas, la sociedad se expresa en la calle. De derecha a izquierda, el discurso aquel de cuanto menos se hable de política mejor, queda de lado. Ya no se oculta más.

Los jóvenes que militamos tenemos la oportunidad de aprovechar esta situación. Nadie puede desentenderse de este momento y todos aquellos jóvenes parte de esta generación que compartimos tendrán que ser convocados por alguno de estos discursos que están en disputa. Allí debe estar nuestra tarea: colocar nuestras ideas, convicciones y valores a jugar en este nuevo escenario.

Caso contrario, se corre el riessgo que el "alica alicate" vuelva a ser triunfo.

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