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El intendente de Morón y diputado electo por Nuevo Encuentro habla de la reforma política, la asignación universal por hijo, el apoyo de algunas iniciativas del Gobierno y de los nuevos desafíos de la centroizquierda.

Por Gabriel Michi

Asumió la intendencia de Morón hace una década. Lo hizo con tan sólo 29 años. El desafío de Martín Sabbatella estaba dado no sólo en su edad y en llegar con un partido nuevo, fuera de las estructuras tradicionales, sino también en el desembarco en un territorio rodeado de otros comandados por los “caciques del Conurbano”. Pudo mantenerse en ese lugar durante casi tres períodos, hasta que este año decidió postularse a diputado nacional por Nuevo Encuentro. Quedó en cuarto lugar en la provincia de Buenos Aires, con el 5,5% de los votos. Más de 400 mil bonaerenses lo apoyaron en su candidatura que, a diferencia de otras, no fue “testimonial”. Y así, mientras aún sigue al frente de la comuna, prepara sus valijas para asumir la banca en el Congreso.

-¿Qué debería contemplar un proyecto de reforma política?

-Desde siempre nosotros hemos planteado que el tema es importante. Cuando fuimos al diálogo convocado por el Gobierno dijimos eso con claridad, pero también que la prioridad es la emergencia social, el blindaje social que se necesita construir en la Argentina para proteger a los sectores más vulnerables. Y nos parece que esa tendría que se la prioridad y así lo planteamos y pusimos como condición para la continuidad del diálogo.

-¿Hacia donde debe apuntar esa reforma?

-Creemos que para mejorar la calidad de la política, de la democracia, el sistema de partidos es trascendental. Y planteamos que se deben discutir varias cosas: el sistema electoral, cuestiones que tienen que ver no solamente con el funcionamiento de los partidos, sino también vinculadas a mecanismos que permitan llenar de contenidos de democracia participativa y representativa, institutos de democracia semidirecta, entre otros.

-¿Y el financiamiento de los partidos?

-Por supuesto, en relación a los partidos políticos el financiamiento de la política es un tema central: no vamos a mejorar la calidad de la política si no se discute cómo se financia. Ahí es fundamental el rol del Estado, que garantice el financiamiento transparente y que enfrente las asimetrías de recursos. Por estos dos aspectos nos parece central tratar el tema: por la transparencia –saber de dónde salen los fondos-y, por otro lado, para enfrentar las asimetrías de recursos que puedan existir para garantizar las mismas posibilidades a todos de presentar sus propuestas.

-¿Tiene alguna opinión sobre el proyecto oficial?

-Primero lo vamos a analizar, discutir y estudiarlo y vamos a tomar una posición como partido político. No vamos a opinar ahora. Y esto también forma parte de construir una nueva cultura política, porque las opiniones de los dirigentes no pueden ser sólo a partir de los tiempos de reflexión personal de cada uno sino que tiene que emerger de los tiempos de reflexión colectiva y de las fuerzas partidarias. Esto también fortalece a los partidos políticos para salir de la “democracia de personas” a la construcción de una “democracia de partidos” y a una “democracia de ideas”. Si una fuerza política dice “vamos a estudiar este proyecto, nos vamos a reunir y a construir una opinión común de la fuerza”, es también una forma de fortalecer los partidos políticos. Entonces, eso es lo que vamos a hacer nosotros con este y con muchos otros temas donde es natural que las fuerzas políticas se sienten a construir una opinión.

-¿La idea de primarias abiertas, obligatorias y simultáneas le parece correcta?

-En eso también hay discusión porque hay posiciones distintas en los sectores que componen Nuevo Encuentro. Vamos a sintetizar una opinión después de debatirlo. Lo que sí está claro es que al mismo tiempo que creemos que hay que profundizar la democracia de partidos, que hay que mejorar la calidad democrática fortaleciendo la idea de partidos, sabemos que hay un sistema de partidos políticos en crisis. Una cosa es fortalecer la democracia de partidos y otra cosa es fortalecer el actual sistema de partidos políticos. Por lo tanto, las reformas políticas tienen que permitir también la emergencia de nuevas fuerzas políticas, fruto de nuevos contextos políticos, sociales e históricos. Todo eso también hay que tener en cuenta porque fortalecer la democracia de partidos no significa la cristalización de un sistema de partidos políticos determinado.

-¿Cómo se imagina que será a partir del 10 de diciembre, cuando asuma como diputado? ¿Se imagina votando en consenso con el kirchnerismo o jugando con total independencia?

-Nosotros somos una fuerza política autónoma e independiente que con esa autonomía y esa independencia se relaciona con los demás y con los distintos debates públicos existentes. Es una fuerza política que tiene un núcleo de ideas, principios, valores y convicciones que la hacen construir una agenda de lo que cree prioritario. Es una fuerza política que no va a sorprender. Una fuerza política en la que todo lo que tiene que ver con mejorar la calidad democrática, impulsar las políticas distributivas, proteger los recursos naturales, entre otras cosas, nos va a encontrar presentes en ese perfil. Todo lo que tenga que ver con esto, nos va a encontrar acompañando. Cuando se vaya en dirección contraria, nos va a encontrar enfrente.

-¿Cuál será el rol de la centroizquierda?

-La centroizquierda tiene que participar del debate público activamente. Tiene que plantear su propia agenda vinculada a los ejes que son sus rasgos característicos y constitutivos de su identidad. En los temas que esté en contra estará en contra y en los que esté a favor, también debe intervenir para mejorarlos cualitativamente.

-¿Cómo lo lograría?

-Con una centroizquierda que intervenga activamente y donde esa intervención no solamente se manifieste mejorando los proyectos, sino también debatiendo con la sociedad para qué toma la palabra, para qué nació, qué es lo que quiere hacer. En cómo interviene la centroizquierda en el debate del presente se define también su rasgo de identidad constitutivo, hacia dónde quiere ir y también expresa la sociedad que quiere construir. No hay posibilidad de construir una fuerza política que no intervenga en el presente para poder demostrar qué es lo que quiere construir al futuro. Con eso define ante la sociedad qué pasa cuando la centroizquierda interviene y tiene margen para hacerlo, incluso para recuperar el valor de la “negociación”, en el buen sentido de la palabra. La negociación como parte del ejercicio democrático. Y entonces puede venir el balance de la sociedad. En el accionar del presente, la centroizquierda explica ante la sociedad por qué quiere ser una fuerza de mayorías y por qué quiere gobernar.

-Tras el resultado electoral del 28 de junio se habló del fin del kirchnerismo. Sin embargo, lo que se vio traducido en el Congreso fue un kirchnerismo que recobró fuerza parlamentaria y capaz de sacar proyectos importantes. ¿Qué lectura hace de eso?

-Nadie puede decretar hoy el fin de nada. Sí creo que hay una derecha que en la Argentina quiere retroceder, volver para atrás e imponer las recetas que ya fracasaron. Hay una derecha en sus distintas versiones, tanto la que se articula alrededor de la UCR y la que se articula alrededor del PJ disidente (con Macri también), que está planteando una estrategia de retroceder un rumbo inaugurado en 2003 que -con contradicciones y claroscuros, cosas positivas y cosas negativas, en un proceso donde conviven antídotos y venenos en el mismo lugar-inauguró un rumbo de recuperación del valor de lo público, del rol del Estado, de la centralidad de la política, de una mirada de integración regional y de una perspectiva de los Derechos Humanos. Hay una derecha que quiere retroceder para que el péndulo vuelva a virar. Como pasa también en muchos países de la región. Esos sectores creían que tenían la cosa resuelta a partir del 28 de junio y ahora se dan cuenta que no es así.

CÓMO COMBATIR A LA POBREZA

-Respecto de la emergencia social, el Gobierno anunció esta semana el plan de asignación universal.

-Cuando planteamos el tema de la emergencia social, lo hemos hecho de la misma manera que lo planteó la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), acerca de la necesidad de la asignación universal por hijo, la extensión del seguro de desempleo, la suspensión de los despidos por 180 días, todos ellos como temas urgentes. En el caso de la asignación universal se planteó este criterio. También hay distintos proyectos y distintas miradas, pero hay una coincidencia de universalizar la asignación familiar dado que justamente hoy un trabajador en negro o un desocupado, además de ser víctima de su propia situación laboral, no cobra ese beneficio. Por lo tanto, está claro que hay una necesidad urgente de resolver este tema. Más allá de las distintas opiniones que existen dentro del espacio progresista, popular o de centroizquierda, hay un denominador común sobre la necesidad de una respuesta concreta que proteja a los sectores más vulnerables.

-Hay un temor de que el beneficio termine recibiéndolo gente que quizá no lo necesita.

-Hay que discutirlo bien porque, por ejemplo, hoy los trabajadores que tienen sueldos altos pueden deducir del impuesto a las ganancias. Hay que estudiar todo eso porque en definitiva la principal preocupación está dada sobre esos trabajadores en negro y desocupados que no cobran la asignación familiar. Hay que universalizar la asignación familiar, pero lo que está en discusión es cuál es el universo.

-¿Y los recursos?


-Por supuesto que cuando uno habla de la universalización de la asignación por hijo, del aumento del seguro de desempleo, como cuando habla de políticas sociales activas (incluso sanitarias), eso implica más Estado, no menos Estado. Y en ese sentido también hay que pensar en reformas tributarias progresivas, en gravar la renta financiera, en discutir la renta minera y petrolera y del juego. Hay que debatir también cómo el Estado participa de la discusión de cómo se distribuye la rentabilidad y cómo se apropia también de cierta proporción de la renta para distribuirla equitativamente. No hay posibilidad de hacerlo de otra manera. Cuando escuchás a la derecha discutir sobre la preocupación de la pobreza y, al mismo tiempo, plantea desfinanciar al Estado -por ejemplo quitando las retenciones-es claramente una contradicción. Porque la lucha contra la pobreza es también enfrentar la obscena concentración de la riqueza. No hay lucha contra la pobreza si no hay lucha contra la desigualdad. Y eso implica distribuir. Y distribuir es sacar de un lado y poner en otro. Todo esto implica debatir la construcción de una nueva matriz productiva y distributiva más justa en un país de crecimiento con equidad.

LA MIRADA HACIA 2011


-¿En 2011 se imagina una disputa electoral entre un polo de centroizquierda versus uno de centroderecha o ve más una puja entre partidos políticos y/o frentes?


-Una cosa es lo que a nosotros nos gustaría que suceda en términos de una reconstrucción de un sistema de partidos que se ordene en torno a ideas y otra cosa es lo que sucede y pasa hoy.

-¿Por qué?


-Porque la realidad es que al mismo tiempo de que hay un proceso que se inauguró en 2003 con contradicciones y que ha presentado debates y avances interesantes como la Ley de Medios, la recuperación de las jubilaciones en manos del Estado, entre otras cuestiones, lo cierto es que no hay una sintonía ni una relación de coherencia entre esos debates y la estructura política que lo sostiene. Lo que está claro es que al calor de estos debates regionales y nacionales, aún con contradicciones, no emerge una fuerza política que surja desde este momento y acompañe por convicción y no por conveniencia. No hay relación entre esos debates y el rumbo de esos debates y la construcción política. Por eso, diferenciamos: una cosa es el acompañamiento a las cosas positivas que son parte de una agenda progresista y popular y otra cosa es la construcción política.

-¿Qué habría que hacer entonces?


-Nosotros creemos que hay que construir una fuerza progresista y popular, con vocación de mayoría y con vocación de gobierno por fuera de ese bipartidismo. Por eso, esta autonomía a nosotros nos permite acompañar las cosas que creemos que están bien y criticar las que están mal. Porque también es cierto que en políticas distributivas el Gobierno no ha cambiado la matriz distributiva del país. Sí hay cosas que son pasos positivos. El de la Argentina es un proceso político que no se puede comprar como si fuera un paquete cerrado o un combo, ni se puede impugnar en bloque. Es necesario discernir y separar las cosas que tienen que ver con lo positivo de un rumbo con las que no se hacen o son contradictorias. Eso es lo que nos permite nuestra autonomía: hay un piso construido que queremos defender pero no nos resignamos a aceptar el techo que nos pone el Gobierno y el PJ. Ese es un debate interesante porque nosotros creemos que lo que necesitamos construir necesita la defensa de este piso y la defensa de ese rumbo que, con pinceladas gruesas o en términos generales, se ha inaugurado.

-¿Se imagina en 2011 compitiendo por la gobernación de la provincia de Buenos Aires?

-Nosotros no estamos hoy hablando de candidaturas. Y esto no es porque sea políticamente correcto decirlo. Sino porque de verdad no estamos hablando de candidaturas. Sí estamos dialogando con todos los sectores del espacio progresista, popular, nacional, democrático. Estamos discutiendo todo eso, sabiendo que ninguno de nosotros se puede considerar autosuficiente, que es absolutamente necesario reconocer en el otro sus búsquedas genuinas, que hay que crear una cultura que permita construir unidad en la diversidad, procesar en unidad nuestras diferencias y sabiendo que el espacio progresista hoy está en diversos lugares. Indiscutiblemente hay espacios progresistas que, así como nosotros estamos planteando construcción con autonomía, consideran que hay que dar pelea desde adentro de distintos sectores. Creo que tenemos que tener todos los puentes construidos. Porque es necesario que lo que naturalmente tiene que estar unido esté unido y que lo que naturalmente tiene que estar separado esté separado, para reordenar el sistema de partidos.

-¿Qué escenario se imagina en la carrera presidencial de 2011? ¿Néstor Kirchner, Julios Cobos, Mauricio Macri…?

-Puede ser que yo tenga la imaginación limitada. (Risas)

-¿O la Argentina no permite tener tanta imaginación..?


-Por eso. Yo creo que puede ser simplemente una limitación de mi imaginación. Pero la verdad es que no sé si no quiero o no puedo imaginármelo todavía. No quiero hablar de candidaturas. Lo que está claro es que hay una derecha que quiere retroceder y que indiscutiblemente está ocupada en construir un polo que permita desandar lo construido positivamente. Es esa derecha que le preocupa el “piso”, que le preocupan los avances en una dirección progresista que se pudieron dar y que, por supuesto, tiene distintas expresiones: es el reciclaje del bipartidismo y por derecha, que además tienen esos discursos apocalípticos, de la “violencia”, de la “crispación”, de la criminalización de la protesta, de esos dirigentes que dicen “hay armas” en la protesta y guiñan un ojo (como si se pudiera decir cualquier cosa). Hay toda una estrategia en esa derecha.

-¿Y en el otro lado?


-Y después, por otro lado, hay también un oficialismo que en parte invita a resignarse a los límites del presente como si esto fuera lo máximo que se puede hacer. Creo que hay que construir una fuerza progresista y popular que enfrente y confronte con fuerza con esa derecha y al mismo tiempo no se resigna a los límites del presente. Una fuerza que no se imagine que esto es lo máximo que se puede hacer porque sino incluiría una resignación a no profundizar las políticas distributivas o a no poder ampliar día a día nuestra democracia para llenarla también de contenido social. Esa fuerza progresista y popular es lo que hay que construir al calor de estos debates regionales y nacionales. Una fuerza que sea consciente de que esto no es lo máximo que se puede hacer y de las intenciones de la derecha.

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